Evaluación máxima obtuvo tesista de Química Industrial que trabajó con investigadora del PIDi

Autor: Gabriela Lucero|

La estudiante de Química Industrial, Selene Arsenault Escobar, rindió hace pocas semanas su defensa de tesis, la cual aprobó con nota máxima, tras presentar los resultados de la investigación realizada junto a la investigadora del PIDi, Dra. Paulina Sierra Rosales.

Los colorantes alimentarios fueron el objeto de estudio de la estudiante egresada de Química Industrial de la Universidad Tecnológica Metropolitana, Selene Arsenault Escobar, quien obtuvo la máxima nota en su defensa de tesis luego de presentar su investigación, la cual realizó junto a la investigadora del Programa Institucional de Fomento a la Investigación, Desarrollo e Innovación (PIDi), Dra. Paulina Sierra Rosales.

Arsenault, explica que los colorantes alimentarios son aditivos que se pueden utilizar en distintos alimentos, bebidas, pastelería, etc., principalmente con el objetivo de ofrecer productos más atractivos para los consumidores. “Sin embargo, algunos colorantes representan un potencial riesgo para la salud, especialmente si son consumidos en exceso”.

Respecto a los que son considerados dañinos, la egresada de Química Industrial decidió estudiar la Tartrazina (TZ), “un colorante sintético amarillo de tipo azoico aniónico que, en la actualidad, está restringido en Noruega y Austria debido a que ha sido asociado con alergias, asma, erupciones en la piel, hiperactividad en niños y migrañas”.

Además, “se ha comprobado que algunos colorantes de tipo azoico como el Sudan I interaccionan con el ADN, por lo que tienen efectos mutagénicos y/o carcinógenos en la salud, aunque no se tiene claridad si es el colorante, su metabolito o ambos los que interactúan con el ADN. En el caso de la TZ, su principal metabolito es el ácido sulfanílico (SA), una amina aromática que es considerada cancerígena”.

Con estos antecedentes es que Arsenault inició su investigación, enfocada en la interacción de la TZ y uno de sus metabolitos, el SA, con ADN. Utilizando métodos electroquímicos para determinar el modo de interacción de cada molécula con el ADN.

Respecto a la interacción entre distintas moléculas y el ADN señala que “dependiendo de la forma en que interaccionan, es el efecto que esa molécula puede generar en el ADN” y asegura que “en algunos casos, esos cambios son irreversibles e invariablemente causa inhibición completa de los procesos del ADN y la posterior muerte celular”.

Específicamente en el caso de la TZ y SA, “ambas moléculas interaccionan con ADN de forma externa, similar a fármacos como centanamicina utilizados en terapias contra el cáncer y distamicina, que es un fármaco antiinfeccioso. En ese sentido, que un aditivo alimentario se comporte como un fármaco, sin serlo, es lo que preocupa”.

Agrega que “si los colorantes son consumidos en bajas dosis no deberían representar un riesgo para la salud de las personas, sin embargo, el consumo de este tipo de aditivo es muy alto, sobre todo en Chile, por eso nuestro llamado es a disminuir el consumo de productos que tengan estos colorantes”.

Con relación a restringir este colorante en Chile, imitando a otros países, Arsenault señala que “la legislación en el país se basa en organismos extranjeros como la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) o la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés), entonces los colorantes permitidos en Chile son los que están permitidos en casi todo el mundo, por ello la decisión de prohibir la TZ es más complejo”.

La egresada UTEM apunta a que “lo ideal sería que en Chile se informe sobre la cantidad de colorante que tienen los productos, porque tienen un valor de Ingesta Diaria Admisible (IDA), al igual que otros aditivos, basado en el peso corporal, y que no representa un riesgo para nuestra salud. Por lo tanto, al igual que los edulcorantes, las etiquetas de los productos deberían incorporar el IDA de los colorantes y la concentración que viene en el producto”.

Arsenault lamenta que “para prohibir el consumo de estos colorantes aún falta, sin embargo, estudios como los nuestros permiten entregar más información a la comunidad científica y entregar antecedentes a organismos internacionales que finalmente toman la decisión de qué aditivos podemos consumir y cuánto”.

En vista de los resultados y pensando en cómo podría afectar a una persona que consume alimentos o bebidas con este tipo de colorante, la egresada de Química Industrial explica que para determinar el daño en cada persona es necesario conocer la cantidad de colorante en cada producto y el peso corporal de quien lo consume, pero también debería ser un “consumo crónico, pues una persona que consume una bebida gaseosa, isotónica o energética -todas estas tienen colorantes artificiales- una o dos veces a la semana, en bajas cantidades no debería tener mayor problema. Es más complicado si la persona consume altas dosis, diariamente”.

Además, “es importante mencionar que el alto consumo de colorantes no está asociado solo a productos líquidos, porque también están presentes en cereales, dulces, pasteles, snacks, sopas, etc. Por lo que alcanzar el valor de IDA de un colorante es relativamente fácil, considerando todos los productos coloreados que uno consume diariamente”, por lo que insiste en el llamado a un consumo moderado de estos productos.

La investigación realizada por Selene Arsenault para sus tesis, fue posible gracias a formar parte del equipo de la investigadora del PIDi, Dra. Paulina Sierra Rosales, en el marco de su proyecto FONDECYT Iniciación, titulado “Evaluación de la interacción de ADN con colorantes alimentarios y sus metabolitos, a través de métodos electroquímicos”.

Respecto a la experiencia de trabajar junto a la investigadora, la estudiante de la UTEM agradece a la Dra. Sierra, pues asegura que fue vital para obtener la nota máxima en su tesis y destaca que “he tenido una experiencia excelente al trabajar con la investigadora, profesionalmente es una muy buena maestra, con mucha paciencia y una gran disposición. Siempre estuvo pendiente del avance de mi trabajo y de todo el equipo, además siempre comparte sus conocimientos para desarrollar mejor nuestro trabajo”.

En tanto, sobre su investigación asegura que “estos resultados son el primer paso para poder entender la posible toxicidad de estos aditivos, pero queda un largo camino”.

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