El desafío de gobernanza de Gabriel Boric en gestión de riesgos de desastres

Autor: UTEM|
Columna de opinión escrita por Luis Carrasco Garrido, director del Programa Gestión del Riesgo y Adaptación al Cambio Climático, académico del Departamento de Prevención de Riesgo y Medio Ambiente UTEM.

La pandemia COVID-19 ha sido un escenario propicio para mejorar la gobernanza en tiempos de crisis a nivel nacional. Una vacunación exitosa como la que tiene Chile, es parte de esa gobernanza, pero la realidad ha demostrado que supone también otros elementos relevantes que hacen la diferencia y pueden averiar la vacunación exitosa. Un elemento macizo de cambio es considerar este desastre de tipo sanitario como un tema no exclusivo de salud, sino que de Gestión Integral del Riesgo.

Hay muchos ejemplos que demuestran que la buena gobernanza se desarrolla a partir de la colaboración y las alianzas entre mecanismos e instituciones, para reducir el riesgo de desastres lo que permite un desarrollo sostenible.

La gestión de riesgos es un tema integral, que requiere de acciones de conocimiento, capacitación y de respuesta para diferentes eventos, y dentro de esos eventos se incluyen todos los temas de reducción de desastres y los de cambio climático.

La gobernanza debe adoptar en este tema una mirada amplia y profunda de los riesgos y sus impactos, teniendo en cuenta su construcción social. En su justificación más básica y fundamental, equivale a la vida misma: la buena gobernanza del riesgo de desastres se puede medir en salvar vidas, en reducir el impacto a la población a causa del desastre y evitar pérdidas económicas.

El último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), titulado “Climate Change 2021“, señala que el cambio climático que sufrimos hoy no tiene precedentes en cientos de miles de años. Chile es mencionado 98 veces en el documento, 34 de ellas en directa relación a los fenómenos climáticos que el país enfrenta.

Chile es uno de los países más afectados por el cambio climático, es un país altamente vulnerable frente al fenómeno de cambio climático, ya que cuenta con áreas de borde costero de baja altura, áreas áridas, semiáridas y de bosques, susceptibilidad a desastres naturales, áreas propensas a sequía y desertificación, zonas urbanas con problemas de contaminación atmosférica y ecosistemas montañosos como las cordilleras de la Costa y de los Andes. Además, tenemos una fuerte dependencia de las principales actividades socioeconómicas del país al clima, principalmente de la disponibilidad hídrica para la agricultura, ganadería, minería.

El presidente Gabriel Boric, adicionalmente a todos los desafíos ya planteados para su período presidencial, tendrá otros no menores en prevención, reducción y control de los factores de riesgo de desastres, donde la adecuada preparación y respuesta ante situaciones críticas es fundamental.

Crear una cultura de riesgo propia de países que enfrentan múltiples emergencias como lo son terremotos, aluviones, tsunamis, incendios, inundaciones, pandemias, emergencias socio tecnológicas y otras de forma permanente, tal vez sea el sello recomendable para Boric, en un Chile acostumbrado a diferentes tipos de emergencias y desastres.

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