Funcionarios UTEM realizan visita guiada a Villa Grimaldi

Autor: UTEM|
La actividad -organizada por el Programa de Derechos Humanos y Ciudadanía, junto a su Consejo Asesor y el área de Extensión de la Universidad- contó con gran interés por parte de los asistentes.

Una emotiva e intensa visita realizó un grupo de funcionarios UTEM al Parque Por la Paz Villa Grimaldi, actividad que fue mediada por el cientista político Alejandro Núñez, miembro del directorio y prisionero sobreviviente, junto a Alejandro Olivera, coordinador del Área Educación. Ambos realizaron detalladas exposiciones que entregaron variados datos clave de la historia del lugar.

La actividad, que se desarrolló el viernes 9 de septiembre, fue organizada por el Programa de Derechos Humanos y Ciudadanía de la Universidad, junto a su Consejo Asesor y el Área de Extensión de la UTEM.

Alejandro Núñez compartió también algunos recuerdos de su historia. Comentó que su paso por el recinto se podía resumir en tres puntos del sitio: el portón principal, la zona de celdas y los restos de la casa que existía en el terreno. Relató que cada uno de esos hitos marcaron su biografía en la etapa de la prisión política.

El cientista político fue detenido en 1975 a los 20 años. Formaba parte de la resistencia a la dictadura. Estuvo en las celdas conocidas con sarcasmo como “casas Corvi”, espacios de dos por 1 metro en el que convivían varias personas en una evidente situación de hacinamiento y necesidades.

Olivera, por su parte, hizo hincapié en que Villa Grimaldi no se trató de una experiencia excepcional o accidental durante la dictadura cívico militar, sino que formó parte de una “política sistemática” de persecución, con claras implicancias de terrorismo de Estado.

El coordinador del Área de Educación recordó que durante los años 1974 y 1975 se efectuó una acción represiva selectiva contra la izquierda. Cada una de esas acciones, por cierto, implicaron actos de detenciones ilegales, torturas, muertes y/o desapariciones forzadas.

Recorrido clave

El recorrido se centró en puntos neurálgicos de la historia que encierra el Parque. En un primer momento se conoció la maqueta del “Cuartel Terranova” (así se llamaba el sitio en la jerga uniformada, el trabajo que se exhibe es una recreación a escala del lugar original efectuada a base de recuerdos de los propios detenidos sobrevivientes. Luego la Zona de Celdas (en donde su ubicaban las llamadas “casas Corvi”, junto a otros tipos de cárceles en las que -además- se practicaba la tortura); el Árbol Ombú (especie de flora chilena que logró mantenerse a pesar de la destrucción del lugar hecho por los agentes de seguridad y cuyo nombre significa en lengua nativa “árbol de la esperanza”); y el Muro de los Nombres (lugar de recogimiento en el que se encuentran grabados los nombres de las personas ejecutadas y desaparecidas en Villa Grimaldi).

Los asistentes conocieron además el Memorial de las Rosas (un homenaje a las mujeres detenidas desaparecidas, ejecutadas políticas y muertas por violencia política durante la dictadura), La Torre (la reconstrucción de un espacio que fue usado como lugar de encierro y tortura previo a la desaparición), el Laboratorio Fotográfico (utilizado como cuarto oscuro por los agentes de seguridad), la Sala de la Memoria (un espacio en el que se falsificaban documentos y que desde 2004 alberga recuerdos de víctimas que se han recopilado como donaciones) y la Piscina (estructura original del recinto que tuvo variados usos represivos).

Finalmente, se visitó el Monumento Rieles Bahía de Quintero en el que se exponen los rieles para trenes usados como peso para que los cuerpos tirados al mar no flotaran y que fueron encontrados en procedimientos judiciales en la zona costera de la Quinta Región del país.

“Algo así no puede volver a pasar”

La jornada contó con gran interés por parte de los asistentes, quienes manifestaron su compromiso por cultivar la memoria para que nunca más se repitan los actos que dieron origen a este centro de detención durante la dictadura cívico-militar.

René Álvarez, del Sistema de Bibliotecas de la Universidad (SIBUTEM), señaló que “no había tenido oportunidad de venir antes, aunque sí conocía muy bien lo que había ocurrido aquí. Impresiona cómo intelectualmente puede crearse un centro como éste para cometer el tipo de barbarie que se hizo”.

Para el profesional, implica “emociones fuertes pensar en la gente que sufrió aquí, que nunca volvió o quienes pudieron sobrevivir, los traumas que todo eso les dejó. Ojalá que este testimonio sirva para que nunca más vuelva a ocurrir una situación así. Este lugar es una muestra palpable para quienes quieren negar lo sucedido, por lo que debe mantenerse viva esta historia para no olvidarla y que no se repita. Eso es lo más importante”.

Por su parte, Tania Rohrbeck, del Convenio UPA-UTEM, comentó que la visita “fue una experiencia potente y conmovedora”. Dijo que estar en Villa Grimaldi “tiene una carga emocional importante, más aún con el testimonio que escuchamos, pero al mismo tiempo necesaria; es una parte gris de nuestra historia que no debemos permitir como sociedad que vuelva a ocurrir”.

José Miguel Zuleta, contador del Fondo Solidario de Crédito Universitario, subraya que “es muy importante rescatar la memoria, cosas tan atroces que pasaron en nuestro país no es posible que con el tiempo se vayan olvidando. Debemos tener siempre presente esta parte de la historia porque no puede volver a pasar”.

El portón del acceso original al recinto fue clausurado de manera permanente en marzo de 1997 como acto simbólico de que lo ocurrido en el lugar no se repita en la historia de Chile. Las llaves de aquella entrada se entregaron al sacerdote jesuita José Aldunate, fallecido en septiembre de 2019, quien fue uno de los luchadores más importantes para recuperar el espacio como lugar de memoria.

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